DESDE ARRIBA PUEDO VER
El piso debajo de él esta sucio, polvoriento, manchado por otros, que al igual que él yacieron luchando por no ser aplastados y, talvez, corrieron peor suerte. Mas zapatos llegan y el se tambalea de un lado para el otro, de aquí para haya, huyéndole a los verdugos. Que no han hecho presa de el, gracias a el ímpetu de la fuerza con que lo persiguen, esta provoca una corriente de aire que lo impulsa a cualquier parte aunque sin control alguno. Zapatos de todo tipo y calibre se burlan de él, de su fragilidad, de su ironía.
Al lado del pequeño vaso de café, una pequeña barra de hierro tan vieja como el banco encima de él, hace compañía al vaso, aunque seria preciso decir, que la barra llego primero; esta, esta condenada al suelo sin advertir que esta siendo escudo del pequeño vaso, el que a su vez, tampoco sabe que esta entero gracias a la desgracia de su protectora la barra de hierro. Pero repentinamente, la armadura de un zapato malvado lo patea hacia atrás, mas, esto no es suficiente para hacerle daño. Irónicamente, ahora esta mas protegido, aunque siga en el suelo. A pesar de su desgracia, el vaso desconoce que las circunstancias le favorecen. Desde aquí arriba, puedo ver que ahora, al menos no será molido, no será pisoteado por sus escarnecedores. Ahora solo espera ser llevado por las manos piadosas de un recogedor de basura que lo guiara al descanso en una bolsa de basura. Si tiene suerte será todo un nuevo vaso, gozara de una nueva vida, quizás mejor, en la que con orgullo, volverá a ser el portador de uno de los líquidos mas amados por el hombre.
Kelvin Castillo
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